Crítica a Novela de Pablo Simonetti

Columna: Simonetti y su barrera impúdica

Simonetti no es más que el niñito bien que escribe para saciar el hambre/ansia de arribistas y abc1, relatar un erotismo inmerso en el mundo de euros y sedas italianas donde lo único que importa es la sexualidad y cómo lograr el orgasmo.


Por: Ingrid Odgers Toloza
  16 Noviembre 2009     

TERCERA NOVELA: LA BARRERA DEL PUDOR

Pablo Simonetti Borgheresi.

Pablo Simonetti Borgheresi.

El tema de hoy es el explosivo éxito que ha alcanzado la tercera novela de Pablo Simonetti, y que es inédito en nuestro país. Desde su lanzamiento el 30 de septiembre, se ha vendido más de la mitad de la primera edición de 15 mil copias y ya se empezó a imprimir la segunda. Es decir, “La Barrera del Pudor” dobla las ventas alcanzadas por la última novela de Isabel Allende “La Isla bajo el Mar”. Sin duda, el cambio de editorial  Planeta a Norma le ha traído a Simonetti un enorme despliegue comercial y de marketing inusual. La semana pasada, 60 mil ejemplares de La barrera del pudor se lanzaron simultáneamente en 14 países. Para las librerías chilenas se destinaron 15 mil. Si es que se puede confiar en las cifras que entregan las editoriales. Los escritores sabemos que siempre indican un determinado número de ejemplares impresos, tiraje que no tenemos forma de probar, porque no hay un sistema de control establecido, lo que deja un espacio para la duda y pone en tela de juicio las cifras editoriales. Estos tiburones siempre tienen varios ases bajo la manga.

 

Usan este recurso para llevar más gente a las librerías a comprar el best-seller de moda. Eso lo saben bien los ejecutivos de las editoriales y nosotros como escritores no debemos olvidarlo. Que nadie ponga los dedos en nuestros ojos, se acabaron los tiempos que nos derrumbábamos inocentes en las redes de las pirañas que engrosan sus cuentas bancarias bajo la protección de la Doña Cámara del Libro omnipresente en la oferta y la demanda y ausente en la línea de equidad para escritores chilenos de todas las regiones del país. Como manifestaba recientemente a esta servidora otra compadra. Usted sabe pues mija.

 

Como es posible observar, la estrategia de Norma ha funcionado excelentemente. Puede que Simonetti venda lo que se anuncia, se publica y se difunde. Y es que el estilo de su narrativa presenta un afán transgresor donde la “sexualidad se trata de manera explícita porque es el motivo principal del libro”, esto expresado por el escritor en una de las tantas entrevistas que le han realizado en el último tiempo. Y ya sabemos la curiosidad voyerista del chileno “arribista” (rima incluida, anótese por favor), y conocemos las atarantadas cabezas huecas de los ABC1, que a la hora del té, se lo comen todo. Pero vamos hablando de literatura y escuchen bien, Dan Brown y el Código da Vinci no tienen nada que ver con ella y la de Simonetti tampoco. Aún cuando Simonetti mencione como referente para “La barrera del pudor” a D.H. Lawrence, el mismo de “El amante de Lady Chatterley” y “Mujeres enamoradas”, entre otras obras. Erotismo e infidelidad.

Comete los mismos errores que en “La razón de los amantes”, mucha descripción que ataca de tedio al lector. Cuando leí esa novela comenté:

 

“…la narración se nubla con la excesiva descripción de los paisajes exteriores e interiores. Demasiado se alarga el nudo de esta historia, en la página doscientos setenta, luego de elucubraciones que ciertamente no enriquecen el texto, más lo languidecen sin sentido, puede el lector enterarse que Laura también tuvo relaciones sexuales…”

 

VEAMOS DE QUÉ TRATA SU NUEVA NOVELA

 

Una pareja ABC1. El marido tiene una disfunción sexual y luego de 13 años deciden separarse. La mujer no es feliz hasta que encuentra un macho que funciona de maravillas en la cama. La felicidad de la mujer se centra única y exclusivamente en el sexo. ¡Qué perdido Simonetti que andas!. No lograste ponerte en la piel de una verdadera mujer, la que lucha y salta enormes vallas para salir adelante sin necesidad de estar protegida por varones machistas hasta la irritación. Y es que las mujeres, según la novela, carecen de sesos, éstos están invadidos de neuronas debilitadas y de una exacerbada sexualidad. Lindo ejemplo de mujer para los jóvenes lectores. El mensaje: “las mujeres son felices si tienen buen sexo, si no son infelices”, grandiosa estupidez para transmitir a las nuevas generaciones.

 

Simonetti no es más que el niñito bien que escribe para saciar el hambre/ansia de arribistas y abc1, de conocer y repasar la vida de esas clases sociales, relatar un erotismo inmerso en el mundo de euros y sedas italianas donde lo único que importa es la sexualidad y cómo lograr el orgasmo. Claro, si no tienen que preocuparse todos los santos días de la plata p’ a la micro, el puchero y los útiles escolares de los niños. Unos porque viven del plástico y otros de sus elevadas rentas.

 

Al igual que en “La razón de los amantes” diré: “Respecto al éxito de ventas de este libro habría que asociarlo a la morbosa curiosidad del chileno medio, siempre envuelto en las tinieblas del doble estándar, casi siempre deseando vivir la vida del “otro”, que se “supone” es mucho más interesante que la vida mediocre del común de los mortales, que transcurre plana, asfixiada por los enfermizos prejuicios y/o complejos heredados de los ancestros o de una educación de largas raíces conservadoras.”

 

¿Qué más puedo decir de Simonetti y La barrera del pudor?

Muy similar a la narrativa de Marcela Serrano, vacua, fútil.

 

Esto es, una Corín Tellado, saltando la barrera del pudor…éxito asegurado.

 

Y bueno chicos y chicas ¿Dónde está la literatura?

Definitivamente para Simonetti se perdió en “Madre que estás en los cielos”.

FRAGMENTOS

La Barrera del Pudor

1ª Visita: Josefina

En Amolanas, una playa solitaria del norte adonde fuimos a acampar cuando salimos de vacaciones, el vigor sexual de Ezequiel regresó. Persistieron los problemas de eyaculación precoz y la fugaz erección, pero desapareció la incertidumbre que había brotado entre nosotros. Regresamos a Santiago el 2 de marzo. El accidente de mis padres ocurrió seis días más tarde…

—Cuando murieron los papás ya teníamos problemas —le digo a mi hermana.

—Mmm… —parece meditar Josefina, mientras colma una tostada con huevos revueltos—. No es tan grave, llevaban seis años casados, a la mayoría de las parejas les pasa.

—Tuvimos problemas desde el principio —el argumento de “la mayoría” nunca ha tenido valor para mí—. Pero, bueno, cambiemos de tema, no quiero que hablemos más de esto.

—Como su majestad ordene.

2ª visita: Bernardo

Encendió un cigarrillo. Verlo fumar en la cama, un acto prohibido para Ezequiel, que fumaba en cualquier cuarto menos en el dormitorio, me hizo imaginar mi cama matrimonial y desasosegarme. Las sábanas del motel, mustias de tanto uso, me dieron asco. Lo que un minuto antes era el escenario apropiado para nuestro encuentro pasó a ser una colección de piezas de utilería, sin nada que les diera sentido.

Hice el ademán de levantarme, pero él me tomó del brazo que tenía a su alcance. “Esto es parte del placer”, dijo. Le pedí un cigarrillo para mí. Si por primera vez era infiel, por qué no también fumar.

3ª visita Ezequiel

Durante la primera hora de su visita hacemos lo que se supone debemos hacer, recorrer el jardín y hablar de plantas. No hay instante en que no sienta el olor que emana de su cuerpo. Llevamos los sombreros para protegernos del sol: yo una pamela, él uno típico de huaso, de copa y ala rígidas. En algunos de sus comentarios percibo un punto de exageración, en discordia con su talante circunspecto. Se lleva una mano a la nuca cuando llegamos a la explanada junto a la piscina. Dice no creer que la pendiente que baja desde ahí se haya poblado tan rápido. No parece recordar que fue testigo de cómo los raphiolepis, las verónicas y los mirtos cubrieron por completo esa zona durante la primavera.

Busca darme en el gusto y se lo agradezco. Pone su afán en detectar las labores que hemos realizado con César. Cuando los dos hombres se al contacto físico.

4ª visita: Roque

Hemos llegado a las rocas y trepo con soltura de una en otra, mientras la lentitud de Roque acusa su escaso equilibrio.

— ¡Espérame! —grita.

Ya he alcanzado la más alta. Desde ahí se baja a lo largo de una amplia plataforma gris. Lo espero abrazada a mis rodillas, con la mente en blanco, sentada en la punta de una roca que se adentra en el mar como un enorme dedo encallecido. Escucho los pasos inseguros y el acezar de Roque. Se sienta a mi lado. Mira el horizonte durante un rato. Suspira. De sus ojos nacen pequeñas arrugas. Hasta este preciso momento no me había detenido a pensar en las arrugas de Ezequiel. Por supuesto que las tiene, pero lo veo y lo recuerdo siempre joven, con la frescura de los tiempos en que nos enamoramos.

—No me soportas –dice Roque.

—No es que no te soporte. Solo es… no sé por qué estamos juntos.

 

 

Ingrid Odgers es escritora, poeta y narradora.

Nombre Apellido

Ingrid Odgers Toloza

Concepción, BioBio-Chile

 

 

E-mail: ingodgers@gmail.com


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