Crítica a Novela De tu sangre cautiva


Los trazos fronterizos del lugar sin territorio

Se trata de la última entrega de la novelista penquista Ingrid Odgers. De tu sangre cautiva es un alojamiento en el centro mismo de la confusión de sentimientos que puede generar el reencuentro de dos íntimos amigos de infancia después de treinta años, convertidos ya en narradora uno y en poeta el otro.

Por: Douglas Alarcón Inzunza
23 Octubre 2009

De tu Sangre Cautiva de la escritora y poeta penquista Ingrid Odgers.

Ingrid Odgers nos atrapa con un tema inagotable. Uno que no tiene verdades absolutas y que por dicha razón hará que cada cual se entregue a las intestinas reflexiones con las que arropó a su protagonista. Una temática universal, perenne al pisotaje de los años. Clásica. ¿Dónde está la frontera visible –en este caso sentible- entre la amistad y el amor hombre mujer?. A primeras lecturas, pareciera no haberlas. Sin embargo, la autora va más allá, se arriesga y traza las geografías de ese país incierto. Ese que la mayor parte de las veces se confunde y donde el deseo entromete sus narices irracional y arrasador. Colonizándolo todo.

Un encuentro de escritores desencadena la trama. No se veían hacía 30 años desde que fueran íntimos amigos en la infancia. Ahora Isabel, una novelista primeriza y Pedro un poeta consagrado, volvían a enredarse nuevamente como cuando él en su primer día de clases “un chico asustado, inseguro, esmirriado con un medio puchero nublándole el rostro” sentía a alguien tomarle el brazo y pronunciale un inocente “¿vamos al patio?”. Desde ese día él no se sintió más solo y juntos hicieron suyos los recovecos del Concepción de los 60’ de izquierdas a derechas donde aparecen nombrados la Plaza Independencia, el sector de Los Patos de la Udec, el histórico Astoria donde solían tomar helados o el barrio Pedro de Valdivia entre otros. Luego la universidad, el enclaustramiento, el matrimonio, el alejamiento, el olvido acostumbrado de los mortales.

Ella se convierte con el andar de los años en una persona de esperanzas a tiempo completo; de obesas cuotas de fe en las cosas y en el futuro. Él (aún cuando recibe numerosos premios y es enarbolado por su círculo literario) se declara un poeta marginal; hace del pesimismo su trinchera predilecta. Nada es para mejor, la esperanza no existe, sólo es utopía dice. Pedro regresa a Concepción por motivos laborales e intermitentemente se deja caer en la casa de Isabel, vuelve la cotidianidad de antaño. Se hacen carne los recuerdos y sentimientos y las extensas conversaciones sobre Vallejo, Miller, Kerouac o Bolaño se apoderan del living del departamento. Es la segunda oportunidad que les otorga Odgers.

Vacíos surtidos

La mirada de la autora intenta poner las piezas en su contexto temporal y espacial en un tablero que es difícil adivinar quién es el ganador. Allí está entre otras cosas el saborcillo de la novela. En tiempos donde recalca Isabel “el acontecer del país se mueve en espirales faranduleras y bazofia política, en una globalización que olvida las necesidades del individuo dando alimento a un consumismo exacerbado, en tiempos de rigor y ansiedad donde todo tiende a destruir los valores, la gente se encuentra zambullida en un ambiente saturado de estímulos materiales”.

Incluso hasta en su propio ambiente literario se siente una extraña a propósito de unos amigos de Pedro que arriban desde la capital y despotrican en la actual Capilla de Concepción desenfreno, drogas y libertinaje sexual. “Y yo que creía que podía encontrar algo más en estos literatos ilustrados, alma, espíritu, respeto, cortesía, una guía, alguna lección interesante, algo valioso, casi me conformaría con una pizca de ternura y un punto de generosidad, no sé, algo que yo pudiera aprehender y aplicar en futuros relatos” reflexiona la protagonista.

Se parte entonces de la premisa que se necesita creer en algo quienes no desean adquirir un boleto por esos viajes. ¿En qué? o para el caso ¿en quién?. Así vamos entendiendo esa suerte de salvación que será Pedro para ella. Un compañero de pulcras veladas, con puntos en común en lo sustancial de la existencia. Ese “flaco de pelo hirsuto, alto y desgarbado que carga con varias carpetas de apuntes bajo el brazo, con ese dejo de macho hastiado de la vida y que pareciera decir a su paso el mundo es un mierdal”. Y que sufre. Y tanto como ella.

En De tu sangre cautiva Ingrid Odgers nos permite ser testigos de la evolución de una mujer que libra contra sí misma una lucha interna por escudriñar su verdad. Allí donde los sentimientos se vuelven remolinos agitados unas veces por la pasión y otras con el deseo, o ambas que es peor. Pedro se convierte en su obsesión. Es su héroe. Invade su mundo. Comienza de esta forma a vaciarse a través de la literatura y escribe todas las noches hasta encumbradas horas de la madrugada sobre este hombre-amigo que llegó de un día para otro en esta nueva etapa. Se confunde. Deja volar su imaginación y visualiza los más diversos posibles escenarios. No quiere ir más allá, la amistad es más fiel que el amor se convence. También se mezcla el recuerdo de su ex esposo, su infidelidad, los desparramos de los hijos, la soledad. El amor para ella es sólo padecimiento. ¿Valdrá la pena arriesgarse? ¿Habrá cabida en mi corazón para un nuevo dolor? se interroga. Pero si somos sólo amigos se restringe finalmente.

Odgers también realiza un programa de Literatura llamado "Mundo de poesía, tiempo de poemas" a través de la Radio Web Digital Mundial.

Odgers también realiza un programa de Literatura llamado "Mundo de poesía, tiempo de poemas" a través de la Radio Web Digital Mundial.

Los trazos

Es la confusión que generan las arremetidas del destino. Esa donde el ser humano queda huérfano de respuestas ante nuevas escenas que se nos presentan repentinamente y que nos encaran con nuestras propias mitologías. ¿Por qué después de 30 años encontrarnos? se preguntará Isabel como tratando de aferrarse a la vieja idea de las señales que obsequian clarividencia. ¿Qué puedo admirarle? se pregunta. Sin embargo a medida que avanza el relato se va poco a poco asumiendo y respondiendo: “Su perseverancia, su repulsión total a lo material”. “Socio de cuánta biblioteca existe, comprador compulsivo de libros usados, posee más libros que ropa. Tiene un departamento chico, una pieza con una cama en el suelo, una habitación con una mesa, dos sillas, dos jarros, una cocinilla a gas, un calentador de agua, un televisor obsoleto que no enciende jamás, una ventana carcomida por el tiempo y un balcón donde pasea un gato enorme plomo” escribe Isabel en lo que paulatinamente se va convirtiendo en su primera novela y verdadera razón de ser.

La gran audacia de Odgers comienza a apreciarse cuando Isabel da atisbos de resolución y defiende su postura que no es la esperada. No exenta de confusión claro, pero dibuja las líneas fronterizas en ese terreno movedizo en que se sitúan la amistad y el amor pasional. Se da cuenta que lo que la une a Pedro es a fin de cuentas la escritura y esa necesidad y búsqueda por la palabra, que libera y angustia en un ciclo inquebrantable. Llega la confesión (ambos se aman) y las reflexiones postreras. Isabel siente en su ser más íntimo que la amistad y sólo la amistad se desentiende de las cuestiones de propiedad. Mientras que en el amor señala “siempre está presente la problemática de la posesión, la amistad pareciera estar sellada por la desposesión”. Cuando los primeros se tornan exclusivos “la amistad hace posible los múltiples amores” desprende sentenciosamente. Decide hacer desaparecer a Pedro de su literatura “sólo sufriríamos si siguiésemos juntos” y opta por aflojar las ataduras. Las rayas están trazadas.

De tu Sangre Cautiva cumple con creces la cautivación y complicidad necesaria para con una novela. Narrada con un lenguaje desprovisto de densidades y argumentos rebuscados nos va sumergiendo de manera creciente en el revoltijo emocional que padece su protagonista. Y que nos hace esperar, teorizando inevitables desenlaces, las decisiones de Isabel a base de una prosa que no deja en segundos planos los pasajes poéticos. Destacables son por ejemplo los oleajes de imágenes que se nos vienen a la cabeza en ciertos capítulos como en el que los protagonistas se internan en un viaje en barco por la laguna San Rafael en la Patagonia. “Pedro ríe y conversa con su vecino. Vuelve a ser el niño que conocí. Es tan alto y desgarbado, quedo admirándolo. Surge un canasto con una botella de whisky, vasos largos de vidrio en su interior, felices usurpamos hielos de la laguna. Compartimos turbados y alborozados el trago fuerte reconfortante elevando los vasos hacia el cielo. Nuestras ropas se han empapado con la llovizna sorpresiva, pero un regocijo indescriptible inunda el alma. Experimentamos una comunión que se tradujo en cosquilleo gozoso en el vientre, era una extraña embriaguez espiritual. Nos miramos sonrientes unidos por esa sensación de complicidad y gozo ante este algodón de hielo que no podía congelarnos. Era una empresa imposible. Por un instante pensé que nada ni nadie podrían paralizarnos. Pero el pensamiento es veloz, raudo, efímero y lo bello más aún”.

Y aunque la obra de la escritora y poeta penquista se entiende en su forma como un canto a la amistad en el fondo pareciera ser un avasallador y sin concesiones homenaje a la libertad. A la propia. Y es aquí donde De tu Sangre Cautiva bofetea estruendosamente y desparrama aún más interrogantes al lector. Isabel tomó su decisión ¿la acertada? eso no lo sabemos. Algunos dirían incluso que ese mismo contexto espacial y temporal que señaló acusatoriamente con el dedo se le volcó en su rostro y la desterró con sus propios miedos y fracasos. Prefirió lo suyo. ¿Y no es acaso ese otro síntoma de lo que llamamos contemporáneo como hubiese dicho ella misma?. Amistad, amor, libertad enredados ferozmente con una apuesta hecha y una partida hundida en la meta de uno de los tres.

¿Quién ganó? Nadie lo sabe.

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Nombre Apellido

Ingrid Odgers Toloza

Concepción, BioBio-Chile

 

 

E-mail: ingodgers@gmail.com


http://iot.jimdo.com